miércoles, 19 de mayo de 2010

UNO: Creciendo en amor, comunión y conocimiento de la Palabra de Dios



















Avanza el año y junto con éste nuestro estudio y preparación para lo que será nuestro trabajo misionero en el centro de Santiago. Ya finalizamos nuestro estudio del Dios pródigo, libro de Timothy Keller, que hace una lectura profunda de la Parábola del Hijo Pródigo, rescatando la figura y el significado de la historia del hijo mayor en el desarrollo de esta narración, cuyo carácter y perfil nos resultaron mucho más familiares y pudimos entender que constituía una persona perdida al igual que el hijo menor, cuya perdición era mucho más evidente. Esto, sin duda, nos ayudó a entender la importancia de Dios en nuestra vida sólo por ser Dios más allá de lo que Él hizo, ha hecho y hará por cada uno de nosotros, comprender que la definición cristiana de nuestra vida y el desarrollo de nuestra misión, siguiendo el imperativo que aparece en Mateo 28: 18-20, es un acto de adoración al Señor, para darle gloria a Él y no ya para tratar de retribuir en “algo” su amor por nosotros o porque forma parte de nuestras obligaciones cristianas. Entendemos el servicio al Señor como la consecuencia de nuestro amor por Dios y no como un medio que nos llevará a recibir bendiciones de parte de Nuestro Señor.

De esta manera, pusimos en crisis nuestros conceptos de Pecado, Perdición para reconocer a Cristo como el verdadero hermano mayor, que ama verdaderamente al Padre, por lo tanto se preocupa de hacer su voluntad, de cumplir sus anhelos. Él viene en busca de cada uno de nosotros, nos viene a rescatar, nos justifica y nos lleva de regreso a la casa de Nuestro Padre Celestial.

También, hemos comenzado a estudiar el libro “Vayan y hagan Discípulos” de Roger S. Greenway, donde poco a poco nos hemos ido empapando de una mirada más práctica del desarrollo de las misiones, ello por supuesto con un respaldo bíblico sustentable que el autor comparte en cada punto que habla del cotidiano de la Misión. Hasta ahora hemos reflexionado sobre lo que es el campo misionero hoy, la trascendencia e importancia del desarrollo de las misiones en el mundo, y por supuesto el rol preponderante si no único del Espíritu Santo en la promoción, desarrollo, dirección y resultado de la proclamación del Evangelio.

Pero, no sólo hemos ido creciendo en el conocimiento y reflexión de la Palabra del Señor, pues el amor y la comunión que día a día cultivamos con Nuestro Dios, paulatina e inexorablemente se va reflejando entre nosotros, que siendo un grupo de hermanos en la fe, también somos un grupo de amigos, que vive la adoración a Nuestro Dios libremente. Cuestión, que quedó de manifiesto el sábado recién pasado en la sala de eventos, que se ubica en el piso 26 de un edificio central en Teatinos, donde viven Claudia y Jorge, allí a la usanza de la Iglesia del primer siglo, compartimos la comida, que en nuestro caso fueron unos ricos tacos, hicimos un devocional a Nuestro Dios y compartimos la Cena del Señor. Así, se desdibuja en nuestro andar la división que hemos hecho de nuestra vida. “Sagrado y secular se fundieron”, manifiesta regocijado el Rev. Jonathan Muñoz, Pastor de Uno. Una frase, que pensando pragmáticamente nuestro proyecto se vuelve clave, pues entendemos que peinados estrafalarios, ropas que escapan a nuestro concepto de normalidad y/o vidas que no obedecen nuestros patrones morales, no son impedimentos para acercarnos a contar las buenas nuevas, Cristo mismo vino en busca de pecadores y se relacionó con ellos, de la misma forma, nosotros entendemos que el papel de la iglesia no se remite sólo al contexto de lo “sagrado”, sino que lo trasciende ampliamente. Oremos para que el Señor nos fortalezca, ayude y dirija este anhelo misionero que el Espíritu Santo ha puesto en el corazón de cada uno de los cristianos y cristianas que conformamos UNO.

1 comentario:

  1. "Sagrado y secular se fundieron". Wena! A mí se me dió la impresión de una fiesta en el más amplio sentido de la palabra. De hecho, hace mucho tiempo que no experimentaba ese gozo de lo humano y lo divino en una sola instancia...
    (¿Será eso lo que se denomina "júbilo"?)

    Comer y beber, compartir, alegrarse, orar, cantar alabanzas, tomar la cena del Señor... No importó el orden, pues las prioridades fueron cristocéntricas: haciendo todo para el Señor...

    ¡¡¡ Quiero más !!!

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